Paul Cézanne, 1839 Aix-en-Provence (Francia.) “Cézanne es el padre de todos nosotros”. Esta lapidaria frase ha sido atribuida tanto a Picasso como a Matisse, y ciertamente importa poco quién la dijera en realidad, porque en cualquier caso es cierta. Partiendo de la ola de aire fresco que representó el impresionismo, Cézanne dejó atrás a todo el grupo impresionista para desarrollar un estilo de pintura nunca visto hasta la fecha, que abrió la puerta de par en par para la llegada del cubismo y el resto de las vanguardias del siglo XX nuevo y diferente.
Sin embargo, mientras vivió, Cézanne fue un pintor ignorado que trabajó en medio de un gran aislamiento. Desconfiaba de los críticos, tenía pocos amigos y hasta 1895 no expuso y solo de forma ocasional. Fue un «pintor de pintores», que la crítica y el público ignoraban, siendo apreciado solo por algunos impresionistas y al final de su vida por la nueva generación.






