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Alberto Durero

Alberto Durero (1471-1528) fue, como Leonardo, el prototipo de hombre del renacimiento. Culto y formado, desde pequeño ya sabía leer y escribir; su curiosidad constante le llevó a interesarse por la filosofía, la astronomía y las ciencias naturales. Se formó como orfebre en el taller de su padre, aunque pronto abandonó el bruñidor y las limas por el pincel y las tintas. Destacó como grabador, elevó el autorretrato a la categoría de arte –él mismo fue su mejor modelo–, y se hizo experto en retratos, desde el más noble y sabio al más pobre y humilde.
Un hombre tan genial como ególatra, cuya perfección técnica le permitió adquirir fama desde muy joven y ser admirado en toda Europa. En Francia, los Países Bajos, Italia, Alemania y España ansiaban sus obras, que llevan el sello indiscutible del maestro (literalmente, pues creó su famoso anagrama AD). Su producción total asciende a 120 cuadros, 350 xilografías, un centenar de grabados y 1.200 dibujos.
Vía: ARS Magazine